:. Diez Maneras de Cuidar la Mente: 4. Cuidar de nuestra fantasía tanto como de nuestra realidad.

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Para comenzar unas preguntas básicas ¿Qué son la fantasía y la realidad? y ¿Cuáles son los límites entre ellas? Comencemos con un ejemplo sencillo, cuando soñamos vemos imágenes en nuestra mente, mientras aparecen estas imágenes se producen los denominados ‘movimientos oculares rápidos’ (REM, rapid eyes movements). Estos movimientos de los ojos, se detectan detrás de los párpados cerrados, como si estos estuvieran recorriendo en el espacio las escenas que están produciéndose en la mente, debido a que el cerebro interpreta lo que está “viendo” en la mente como si estuviera ocurriendo en esos momentos en la realidad despierta. Podemos describir un mundo material que es captado por los sentidos (realidad) y un mundo re-presentado, vuelto a presentar (fantasía) que es producto de una construcción que hace nuestro sistema nervioso a partir de las huellas mnémicas (huellas dejadas en la memoria por  escenas de la vida). En este ejemplo de los movimientos de los ojos mientras se producen imágenes oníricas podemos ver como los límites entre fantasía y realidad están por un lado muy delimitados pero también existen puentes entre el mundo representado y el mundo material ya que mientras estamos soñando nuestro cerebro interpreta que lo que soñamos está ocurriendo en el exterior.

En nuestro sistema nervioso se construyen lo que Damasio[1] denominará “mapas cerebrales”. La representación del mundo exterior al cuerpo solo puede entrar al cerebro a través del propio cuerpo (Damasio, 2010). El cuerpo y el entorno que lo rodea interactúan entre sí y los cambios que esa interacción causa en el cuerpo llegan a ser cifrados en mapas en el cerebro. El rasgo distintivo de los cerebros como los que poseen los seres humanos es su asombrosa habilidad para crear mapas. La conciencia nos permite percibir estos mapas como imágenes, manipular esas imágenes y aplicarles el razonamiento. La información contenida en los mapas puede utilizarse de manera no-consciente y este tipo de imágenes inconscientes pueden influir en nuestro pensamiento y acciones (Freud[2]).

Observamos como esta capacidad de tener representaciones mentales es influida por la experiencia vivida. Aquí aparece la fantasía, una experiencia mental que se basa en las experiencias vividas, captadas a través de nuestros sentidos pero transformadas por un complejo mecanismo psíquico que incluye la propia historia y lo que se recuerda de ella, las emociones, los contenidos inconsciente y las intenciones o direcciones de sentido otorgados por nuestro psiquismo.

En cuanto a la relación entre la realidad y la fantasía, en la experiencia de la consulta de psicoterapia observamos dos proceso vitales fundamentales: El primero de estos procesos consiste en que “si no podemos cambiar la realidad tenemos que intentar cambiar nuestra manera de pensar” y así de alguna manera hacer la realidad soportable, esto es lo que nos ocurre cuando, por ejemplo, nos vemos impedidos de seguir con un proyecto o cuando perdemos algún ser querido, en esos casos nuestra realidad ha cambiado y nuestra mente tiene que adaptarse a nuevas metas, nuevas relaciones, aprender a vivir con la ausencia de los seres queridos y a veces permitir que aparezcan otros. El segundo de estos procesos significativos es “si queremos que nuestras fantasías se hagan realidad tendremos que cambiar la realidad” relacionarnos, integrarnos, asumir actitudes activas que nos permitan proyectar nuestros deseos o al menos una parte de ellos en nuestra realidad.

El puente entre la fantasía y la realidad (esa sutil frontera en la cual las percepciones de la realidad se van transformando en mapas cerebrales y en realidades subjetivas) requiere que cuidemos de las dos orillas del río, el tránsito a través de este puente nos permite trasladar y trasladarnos entre estos dos ámbitos tan necesarios en distintas situaciones de la vida (Moreno[3]), veamos algunos ejemplos de ello:

La adaptación a la realidad es una de las operaciones psicológicas de mayor trascendencia para la supervivencia. Es impresionante observar la importancia de este mecanismo por ejemplo en personas con gran lucidez mental cuando reciben la noticia de una enfermedad grave y de la cercanía de la muerte, observamos como en unos meses todo el psiquismo se adapta a una realidad tan diferente, cambian el cuerpo, el espacio, el tiempo, las perspectivas de futuro, las relaciones, pero además esta configuración cambiante puede ir modificándose vertiginosamente en función de los resultados de estudios e intervenciones médicas que se van realizando. Esta capacidad de adaptación a situaciones cambiantes también es evidente a lo largo de la vida cuando debemos intentar adaptarnos a las nuevas condiciones de nuestro cuerpo y nuestra mente en la medida en que pasan los años. A lo largo de la vida seremos bebes, niños, adolescentes, jóvenes, adultos y gente grande. Buena parte de los problemas de salud mental se producen por las dificultades de adaptación a estos cambios de la realidad.

En cuanto a los tránsitos desde la fantasía hacia la realidad, en las reflexiones que hicimos sobre el desarrollo de la creatividad hemos analizado como en las visiones de Einstein se representaba la solución de un problema de la física que aún no había podido ser entendido y ni siquiera pensado. En la película “El pianista” es sobrecogedora la escena del protagonista situado en medio del gueto de Varsovia totalmente destruido por el fuego y los bombardeos, interpretando una obra clásica sobre un piano, pero sin contactar con el teclado para no ser descubierto por el sonido de la música. En este ejemplo la fortaleza de la fantasía permite soportar una realidad que de otra manera no nos permitiría sobrevivir.

La capacidad de experimentar la ficción, el poder sumergirnos en ella y disfrutarla, en el juego, la lectura, el teatro, el cine, en nuestras propias ensoñaciones y proyectos son buenos indicadores de la vitalidad de nuestra capacidad de fantasía. Creemos en la necesidad de la fantasía, soñar despierto, imaginar, ilusionarse, para crear y recrear el mundo a través de la posibilidad que nos ofrece nuestra mente de representarlo en una especie de cinematógrafo interior. ¿O será que la realidad se parece más a este cinematógrafo interior que al mundo material que nos envuelve?

Cuidemos de nuestra realidad, de nuestro cuerpo, del tiempo que nos toca vivir, de los espacios que habitamos, de las personas que forman parte de nuestro tiempo y espacio, toleremos y luchemos con las permanentes resistencias que la realidad nos impone, desde la fuerza de la gravedad misma que nos recuerda que somos parte de una materia ligada a través de energías universales con las que tenemos que convivir en todo momento. Cuidar de la realidad es cuidar de nuestra naturaleza y de la naturaleza que no nos pertenece sino de la cual formamos parte, de un patrimonio genético del cual participamos para su supervivencia.

Cuidemos de nuestra fantasía, escuchémosla, conozcámosla, para aprender tanto de nuestras tendencias más destructivas como de nuestra especial creatividad para transformar nuestro entorno. ¿Enseñamos a nuestros jóvenes a creer en sus fantasías? ¿Les transmitimos que tal vez podrán realizarlas o al menos que les señalarán un horizonte hacia el cual dirigirse y qué seguir este camino interior les ayudará a no perder su identidad y su sentido?


[1] Damasio, A. (2010). Y el cerebro creó al hombre. Barcelona: Ediciones Destino.

[2] Representación y realidad en la obra de Freud. Freud tomo posición al introducir una dualidad entre realidad psíquica y realidad material. La realidad psíquica responde a nuestra condición psíquica más subjetiva. Freud habla de representaciones inconscientes. La representación sería aquello que, del objeto, viene a inscribirse en los “sistemas mnémicos”. Designa con el nombre de “huella mnémica”, más que una débil impresión que guarda una relación de similitud con el objeto, un signo siempre coordinado con otros y que no va ligado a una determinada cualidad sensorial. Se equipara al concepto lingüístico de significante.

Cabe distinguir con Freud dos niveles de estas representaciones: “las representaciones de palabra” y las “representaciones de cosa”. Las representaciones de cosa, esencialmente visuales, que derivan de la cosa, caracterizan el sistema inconsciente. Las representaciones de palabra, esencialmente acústicas, derivan de la palabra. El sistema preconsciente-consciente se caracteriza por la ligazón de la representación de cosa a la representación de palabra correspondiente.

[3] Moreno, J.L. (1974). Psicodrama. Buenos Aires: Ediciones Hormé.

Realidad y fantasía en la obra de Moreno. Moreno denomina el mundo en torno del niño el primer universo, éste termina cuando la experiencia infantil de un mundo en el cual todas las cosas son reales comienza a diferenciarse en fantasía y realidad. Se desarrolla rápidamente la concepción de imágenes y comienza a tomar forma la distinción entre cosas reales y cosas imaginadas.

En el primer universo el niño se encuentra enteramente absorbido en el acto, el tiempo infantil no tiene más que una dimensión, el presente. Esta es la razón básica por la cual las dos dimensiones del tiempo, el pasado y el futuro, no están desarrolladas o en el mejor de los casos son rudimentarias. En el pasado almacenamos nuestros recuerdos y el futuro puede beneficiarse por su registro.

En la primera fase del primer universo el niño no distingue aún entre proximidad y distancia. El niño pasa por dos períodos, el primero es el de identidad total, en el cual todas las cosas personas y objetos, él mismo incluido, no son diferentes como tales sino experimentados como una indivisible multiplicidad.

El segundo período es el de la identidad total diferenciada o de la realidad total diferenciada. Los objetos, animales y personas, y finalmente él mismo, se han diferenciado. Pero todavía no se establece ninguna diferencia entre lo real y lo imaginado, entre lo animado y lo muerto, entre la apariencia de las cosas (imagen en el espejo) y las cosas como son realmente.

Con el comienzo del segundo universo, se establece la brecha entre la fantasía y la experiencia de la realidad. La personalidad queda normalmente dividida. Se forman dos conjuntos de procesos, uno hacia los actos reales, y otro hacia actos de la fantasía. Cuanto más hondamente tallados están estos dos caminos, más difícil se hace pasar de uno a otro. El problema consiste en alcanzar un pleno dominio de la situación, viviendo en ambas vías, pero con capacidad de trasladarse de una a otra.

Dr. Raúl Vaimberg Grillo
Médico Psiquiatra – Doctor en Psicología
www.grup.com.es

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